El PSG avisa al Arsenal de que no tiene punto débil: defiende tan bien como ataca.
No hacen falta nueve goles para seguir pegados a la pantalla en un Bayern-PSG, segunda parte de una obra maestra de esta Champions entre dos equipos con un denominador común: no tienen depredadores en sus ligas, lo que les permite repartir esfuerzos y llegar a este tramo final en un estado de forma óptimo. En eso aventajan a Liga y Premier, competiciones de más desgaste para los grandes. El partido perdió el punto de locura de la ida, pero fue un gustazo. Y en la final estará el PSG, que a igualdad en ataque ofrece una defensa mejor. Impresiona esa presión que le quita espacio y aire al rival allá donde esté, incluido el campo propio.