El brasileño, que se vio obligado a entrenarse en solitario en sus últimos días en el Arsenal, aprovecha las tres semanas de descanso para terminar de alcanzar el cien por cien y aprenderse el libro de Flick.
Repudiado por tantos aficionados de clubes alérgicos al fútbol de selecciones, y mirado con cierta sospecha por aquellos equipos que están en buena dinámica, como el caso del Barça, cuando las cosas le van bien, en ocasiones los parones son una bendición. Paradójicamente, si es que se compara con su propio club, que no podía parar, es el caso de Gabriel Jesús, que aterrizó en Barcelona el 31 de agosto, al límite para ser anunciado como jugador del Barça el 1 de septiembre. Para este brasileño que ha encontrado una motivación posiblemente inesperada en este punto de su carrera, es un paréntesis que le va a permitir ponerse en hora y demostrar que sigue siendo un delantero de élite.